Hace quince días llevé el Subaru al Autódromo de Amozoc, en la tercera vuelta volé el motor. Una tristeza, me encabrona, es casi seguro que ha sido un descuido mío, me pasé de vueltas y no me di cuenta, porque no tuve ningún retroceso muy arriba ni lo deje que subiera mucho, pero bueno, el caso es que rompí el motor.

El Subaru, siempre ha sido mi consentido; me encabrona mucho haber sido tan irresponsable. Además, sabíamos que esos motores rompían, que uno debía cuidar, sabíamos que el mapa era hecho especial, que podía quedarse pobre, que había que ir con cuidado.

 

El STI del coche significa SUBARU TECNICA INTERNATIONAL, es la empresa que creo Subaru para englobar todos sus desarrollos de competencia, que en su mayoría fueron de Rally, después del éxito del 555 que les dio el campeonato del mundo entre 1995 y 1997 de la mano de McRae, quien es para mi uno de los mejores pilotos de todos los tiempos, es una de las danzas más intensas que he visto en el rally, si es que saben a qué me refiero, entienden que la pasión que ponía en el volante y los pies es incomparable. Además Escocés, además empezó en Talbot, además fue quien desarrolló el coche para PRODRIVE, tantas cosas que hablar de Colin, eso en otro miércoles que no sea de romper motores.

 

El caso es que en el lamento del motor del STI, estuve haciendo cuentas de cuantos motores había ya roto y no son muchos pero si son varios, haciendo más análisis, recorrí todos los momentos y el primero que viví y que recuerdo perfecto fue un V8 de Ford de una Wayin de mi papá Gran Marquis, yo no lo rompí, fue mi papá, pero me acuerdo de todo, regresábamos de ZACATECAS, íbamos con mis hermanas y mi mamá, nos orillamos, mi papá paró un autobús y mi mamá y mis hermanas subieron, mi papá se quedó conmigo supongo que para que mi mamá no tuviera que lidiar con tres. Un mecánico en moto se orilló a apoyarnos, cuando no hubo más que hacer que cerrar con llave y echar la bendición, desamarró del asiento trasero de la moto una plancha de ropa, la amarró al tanque de gasolina para hacernos espacio y haciéndome sándwich el mecánico y mi papá, recorrimos la distancia que había al taller mecánico. Recuerdo perfecto el viento en los ojos, las manos entumidas y el olor a sudor de una semana sin baño del mecánico. Cada que rompo un motor me acuerdo y puedo seguir oliendo al cabrón ese. Bueno que no rompa tantos motores.

¿Cuántas veces y qué motores han roto?

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